Historia del cubierto
Carlos Spínola
De la Academia Andaluza de Gastronomía

El cubierto es uno de los diversos acontecimientos importantes de la vida cotidiana que se fue inventando esporádicamente y por necesidad. Se tardaron muchos siglos en llegar al confort propio del siglo XX, desde el uso de los dedos a la cuchara, que primero fue de madera, luego al cuchillo y más tarde al tenedor.

EL CUBIERTO Y LA CIVILIZACIÓN

El ajuar o utensilios que usaban para comer en la mesa los romanos eran, desde el siglo I a.C. una toalla -trapo- que colocaban sobre la mesa y que luego pasó a ser mantel -mappa-, los platos -platina el llano y catinus el hondo-, la vinagrera y el salero, la copa y la cuchara -cochlear- y sólo a veces el cuchillo -culter- que normalmente era innecesario, ya que las viandas venían troceadas sobre una fuente ancha -patera-. El tenedor era aún desconocido.
Los gourmets de la gastronomía romana habían llegado a tal grado de refinamiento, que el comensal experimentado usaba el cuchillo de fina punta para pinchar y así coger algunos alimentos que se servían ya trinchados, en lugar de usar los dedos.
Los cambios del Alto al Bajo Medievo se notaron en la gastronomía. La mesa ya tenía manteles tejidos de seda individuales ante cada comensal. Previo al tradicional lavado de manos había una conca o plato grande, que solía ser de plata. Existía ya la cuchara de plata, la vieja cochleare.
Todavía en las mesas menos pudientes, que eran la mayoría, se usaba la primitiva escudilla a modo de plato, que servía para una o dos personas, y junto a ella el sabano o servilleta para limpiar las manos después de coger las carnes y los pescados con los dedos. Sólo las sopas y los guisos se servían con un cazo en la escudilla o el tazón y se consumían con cuchara de palo.


EL TENEDOR

El tenedor se comenzó a usar en España algo después de que se conociera en Italia y Francia, en el siglo XVII de la mano de Felipe III y de su valido el duque de Lerma, aunque ya el emperador Carlos V lo había usado en ciertas ocasiones. Parece ser que su procedencia era de Bizancio y de allí pasó a Venecia y luego a todo Occidente.
Tenía dos púas y era plano. Se le llamó horqueta y horquilla. A principios del siglo XVIII ya se preparaban los cubiertos completos, de metal y a juego.
En la trilogía, la cuchara empezó a tener el tamaño apropiado para llevar a la boca las sopas; el cuchillo sin punta, ya que los anteriores eran peligrosos por su afinado punzón necesario antes de conocerse el tenedor para pinchar las viandas, además de ser utilizados con ordinariez para limpiarse los restos de comida que quedaban entre los dientes por algunos comensales de escaso sentido estético; y el tenedor impulsado por la Corona, que dejó de ser tan plano y que comenzó a tener tres y cuatro púas.
Los orfebres salieron ganando con estos descubrimientos, que llegó a ser un auténtico negocio para ellos, pues se hacían los cubiertos incluso con los escudos heráldicos grabados. Prosperó la industria dieciochesca de estos artesanos, aunque tendría que pasar aún mucho tiempo para que el tenedor y los demás cubiertos de plata llegaran a las mesas del pueblo llano, en las que muchas seguían con la cuchara de palo y los tres dedos.
Descubiertas ya las tres principales piezas que nos ayudaban a comer más cómoda y limpiamente, se fueron incorporando otros instrumentos según los alimentos. Así nacieron la paleta de pescado, la cucharilla de postre, la de café o moka, el tenedor y cuchillo pequeño de postre y toda la gama que la civilización tardó casi veinte siglos en conocer adecuadamente, colocarlos y usar al completo.
Los cubiertos se disponen de este modo: a la derecha, el cuchillo y la cuchara si se sirve sopa, consomé, potaje o puré. El cuchillo más cerca del plato y con la hoja de corte hacia afuera. A la izquierda, el tenedor sólo. Este mismo orden debe seguirse con el cubierto de pescado y con el de postre. Con cada plato se retiran y se colocan los cubiertos correspondientes.

Imprimir