El
cubierto es uno de los diversos acontecimientos importantes
de la vida cotidiana que se fue inventando esporádicamente
y por necesidad. Se tardaron muchos siglos en llegar al
confort propio del siglo XX, desde el uso de los dedos
a la cuchara, que primero fue de madera, luego al cuchillo
y más tarde al tenedor.
EL
CUBIERTO Y LA CIVILIZACIÓN
El
ajuar o utensilios que usaban para comer en la mesa los
romanos eran, desde el siglo I a.C. una toalla -trapo-
que colocaban sobre la mesa y que luego pasó a
ser mantel -mappa-, los platos -platina el llano
y catinus el hondo-, la vinagrera y el salero, la
copa y la cuchara -cochlear- y sólo a veces
el cuchillo -culter- que normalmente era innecesario,
ya que las viandas venían troceadas sobre una fuente
ancha -patera-. El tenedor era aún desconocido.
Los gourmets de la gastronomía romana habían
llegado a tal grado de refinamiento, que el comensal experimentado
usaba el cuchillo de fina punta para pinchar y así
coger algunos alimentos que se servían ya trinchados,
en lugar de usar los dedos.
Los cambios del Alto al Bajo Medievo se notaron en la
gastronomía. La mesa ya tenía manteles tejidos
de seda individuales ante cada comensal. Previo al tradicional
lavado de manos había una conca o plato grande,
que solía ser de plata. Existía ya la cuchara
de plata, la vieja cochleare.
Todavía en las mesas menos pudientes, que eran
la mayoría, se usaba la primitiva escudilla
a modo de plato, que servía para una o dos personas,
y junto a ella el sabano o servilleta para limpiar las
manos después de coger las carnes y los pescados
con los dedos. Sólo las sopas y los guisos se servían
con un cazo en la escudilla o el tazón y se consumían
con cuchara de palo.
EL TENEDOR
El
tenedor se comenzó a usar en España algo
después de que se conociera en Italia y Francia,
en el siglo XVII de la mano de Felipe III y de su valido
el duque de Lerma, aunque ya el emperador Carlos V lo
había usado en ciertas ocasiones. Parece ser que
su procedencia era de Bizancio y de allí pasó
a Venecia y luego a todo Occidente.
Tenía dos púas y era plano. Se le llamó
horqueta y horquilla. A principios del siglo XVIII ya
se preparaban los cubiertos completos, de metal y a juego.
En la trilogía, la cuchara empezó a tener
el tamaño apropiado para llevar a la boca las sopas;
el cuchillo sin punta, ya que los anteriores eran peligrosos
por su afinado punzón necesario antes de conocerse
el tenedor para pinchar las viandas, además de
ser utilizados con ordinariez para limpiarse los restos
de comida que quedaban entre los dientes por algunos comensales
de escaso sentido estético; y el tenedor impulsado
por la Corona, que dejó de ser tan plano y que
comenzó a tener tres y cuatro púas.
Los orfebres salieron ganando con estos descubrimientos,
que llegó a ser un auténtico negocio para
ellos, pues se hacían los cubiertos incluso con
los escudos heráldicos grabados. Prosperó
la industria dieciochesca de estos artesanos, aunque tendría
que pasar aún mucho tiempo para que el tenedor
y los demás cubiertos de plata llegaran a las mesas
del pueblo llano, en las que muchas seguían con
la cuchara de palo y los tres dedos.
Descubiertas ya las tres principales piezas que nos ayudaban
a comer más cómoda y limpiamente, se fueron
incorporando otros instrumentos según los alimentos.
Así nacieron la paleta de pescado, la cucharilla
de postre, la de café o moka, el tenedor y cuchillo
pequeño de postre y toda la gama que la civilización
tardó casi veinte siglos en conocer adecuadamente,
colocarlos y usar al completo.
Los cubiertos se disponen de este modo: a la derecha,
el cuchillo y la cuchara si se sirve sopa, consomé,
potaje o puré. El cuchillo más cerca del
plato y con la hoja de corte hacia afuera. A la izquierda,
el tenedor sólo. Este mismo orden debe seguirse
con el cubierto de pescado y con el de postre. Con cada
plato se retiran y se colocan los cubiertos correspondientes.