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Cádiz,
una de las ciudades trimilenarias más antiguas de Occidente,
estuvo influenciada en su quehacer culinario por el
pescado y la sal. A la llegada de los fenicios a estas
costas del extremo del Mar Mediterráneo, a las puertas
del Océano Atlántico, encontraron a sus pobladores,
íberos que adoraban a solambove, dios bueno de la sal.
Los
fenicios, griegos y romanos aportaron sistemas para
pescar y conservar el pescado con ayuda de la sal o
salazones, al igual que el sibaritismo gastronómico
romano. Cádiz fue una de las principales productoras
de la salsa garum, obtenida de las vísceras de pescados
azules o escómbridos como caballa y atún, junto a capas
de hierbas aromáticas y abundante sal, que aparece como
ingrediente en muchas recetas de la época romana, para
realzar el sabor de distintos platos.
Caballas
para "Garum"
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El
autor Colmuela, nacido en el Gades romano del siglo
I, fue uno de los primeros escritores que trataron el
tema de la agricultura y la gastronomía en trece libros
titulados De re rustica.
Más tarde, los árabes trajeron los sabores agridulces.
Existían platos como gallina, carne o arroz con miel,
además de confeccionar una repostería de dulces que
aún permanecen tradicionales en algunos pueblos gaditanos.
Ya entonces existían los primitivos sistemas de pesca
como corrales, jábegas y almadrabas, que al estilo de
las actuales eran cercos para capturar distintas especies
marinas, y en especial el preciado atún rojo que cada
año sigue pasando de derecho en primavera para desovar
en el Mediterráneo y que vuelve de revés, menos graso,
después del verano.
Pan
y ajo para sopa de gato
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Tras el descubrimiento de América, algunos viajes colombinos
salieron de las costas gaditanas. Con el tiempo se creó
un próspero núcleo gracias al comercio con las colonias
de ultramar. De allí vinieron el tomate y el pimiento
que enriquecieron al gazpacho andaluz, y otros alimentos
como la importante patata o el cacao.
De esa época de trasiego entre el Nuevo Mundo y Cádiz,
eran los mesones que albergaban y alimentaban a los
viajeros. Ya existían platos tan antiguos como la sopa
de gato a modo de sopa de ajo con pan, agua, sal y aceite
o el caldillo de perro o sopa de pescado rociada con
naranja agria, el puchero o guiso de legumbres y verduras
con carnes y las panizas fritas de masa de harina. Además
se consumían pescados, carnes y aves de corral.
El vino fue un importante acompañante en la mesa y en
la cocina. Jerez de la Frontera, en el centro de la
provincia, forma con Sanlúcar de Barrameda y El Puerto
de Santa María el triángulo de las centenarias bodegas
que crían los vinos finos, amontillados, olorosos y
dulces, vinos que tomaron cuerpo gracias al contacto
con la madera de los barriles en los que eran exportados
a Inglaterra. Además de elaborar brandy y vinagre de
vino. El Doctor Thebussem, fue el seudónimo que utilizó
el erudito y escritor Mariano Pardo de Figueroa, nacido
en Medina Siidonia, para escribir de temas gastronómicos
en importantes publicaciones españolas a finales del
siglo XIX. Otro importante escritor gastronómico gaditano
de la misma época fue Dionisio Pérez, nacido en Grazalema,
autor de la Guía del Buen Comer Español, editada en
1929.
Tomates
y patatas de America 
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En Cádiz no sólo se comen el consabido pescaíto frito
y el gazpacho, pues a diferencia de otras cocinas, tiene
importantes y variados ingredientes para elaborar un
gran número de fórmulas culinarias.
De esta provincia son la dorada a la sal, las mojarras
asadas, la urta a la roteña, el atún encebollado, las
caballas con piriñaca, la caballa con fideos o babetas,
el bienmesabe o cazón en adobo, el pescado en sobreusa,
el robalo o lubina al horno, la raya a la naranja, las
almejas a la marinera, los langostinos a la plancha,
las gambas al ajillo, las tortillitas de camarones,
los chocos con patatas, las coquinas de la isla, las
ortiguillas de mar, los erizos, los ostiones y las galeras,
además de la trucha al Majaceite o de El Bosque, el
río truchero más meridional de Europa.
Vinos
jerezanos
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No sólo del mar vive Cádiz, pues hay otros platos de
sus campos como los pucheros, los alcauciles con chícharos
o alcachofas con guisantes, las alboronías, las patatas
aliñadas, los pimientos asados, las berzas de tagarninas
y cardillos, los espárragos trigueros, los garbanzos
con acelgas y las calderetas de cabrito, los riñones
al jerez, el rabo de toro, el lomo de cerdo relleno,
el venado en salsa, el conejo guisado, la morcilla lustre,
el menudo y elaboraciones como embutidos y quesos serranos,
mojamas, huevas y salazones de atún barbateñas, los
vinos de jerez y la manzanilla de Sanlúcar , el aceite
de oliva virgen de la Sierra de Cádiz; además de postres
como tocino de cielo, poleás, turrón de Cádiz, piñonate
de Jimena, torrijas jerezanas, roscos de Arcos, carne
de membrillo y alfajores de Medina y una interminable
lista que hace a esta provincia una de las más ricas
y variadas en cuestiones gastronómicas.
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